Mar, 08/02/2011

Empezamos la entrevista preguntando a Santiago sobre el papel que tienen o deberían tener las empresas en la cooperación al desarrollo.
El papel fundamental de la empresa recae, sobretodo, en la forma en que realiza su propio negocio. Me explico, la empresa puede tener una gran aportación en los lugares donde opera, si actúa con responsabilidad, atendiendo a las necesidades de los grupos de interés del lugar.
Si además, quiere ir más allá de su propio negocio, es importante que lo haga de forma coordinada con otras acciones que ya se estén llevando a cabo en ese territorio por parte de otras organizaciones.
Desde la AECID se intenta promover actividades que promuevan la responsabilidad social empresarial; el pasado mes octubre, por ejemplo se realizó en Perú un primer Foro sobre responsabilidad Social y Desarrollo con el objetivo de reunir a los agentes cooperantes españoles y las empresas en un espacio de diálogo para avanzar en el concepto de “actuación socialmente responsable” en ese país y fomento del dialogo entre actores.
Para nosotros es importante difundir los conceptos de responsabilidad social empresarial entre los organismos de la sociedad civil para facilitar ese dialogo.
La cooperación española actúa con financiación en aquellos proyectos que promueven iniciativas para avanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Igualmente la cooperación apoya al Pacto Mundial y al EITI (que busca la transparencia en la industria extractiva).
¿Es una buena fórmula la de las APPD, como instrumento para mejorar el desarrollo en las zonas donde se desarrollan?
Existe una tendencia a intentar encontrar soluciones mágicas a problemas muy complejos. La fórmula de las APPD tiene, en estos momentos, una carga importante del factor “moda”; parece que todo se puede solucionar bajo esta fórmula. Y claro está, no necesariamente se justifica toda esta “fama”.
Las APPD son una forma de trabajo específica, compleja, y que en muchos casos se convierte en un instrumento idóneo para la cooperación pero no siempre.
Las podemos definir como una relación de colaboración que se establece en base a mucha confianza con un factor importante de innovación.
El término Alianza genera mucha confusión puesto que se ha utilizado este concepto para definir algunas relaciones que son simplemente relaciones de colaboración o de compartir información.
Estas relaciones también son muy positivas sin ser APPDs en su sentido más puro. Hay aspectos en proyectos de cooperación que requieren mejora y que con el simple hecho de compartir más información, los resultados serían mucho más positivos. Compartir la información es muy VALIOSO. Hay que promover los procesos que implican dialogo, colaboración, e intercambio entre los distintos agentes.
Desde la AECID no existen hoy por hoy instrumentos financieros pensados específicamente para desarrollar actividades empresariales. Otras agencias bilaterales (la inglesa, la alemana, la holandesa, la americana) tienen ya muchas experiencias en este ámbito y resultan muy interesantes. Todo tiene una explicación, la agencia de cooperación española es, en términos relativos, todavía muy joven y las ONGs han capitalizado buena parte de su actuación y se han instituido como las grandes aliadas de la cooperación. En este sentido, las empresas han quedado un poco al margen de las actuaciones de la Agencia.
¿Que experiencias de Alianza Público Privada destacaría?
Existe poca información pública al respecto, pero citaría algunos ejemplos interesantes. Uno de ellos es COPADE es una Fundación que cree que las estructuras injustas de nuestro mundo pueden y deben cambiarse mediante la implicación y participación activa de todos. Apuestan por el Comercio Justo como una herramienta eficaz para luchar contra la pobreza que permite abrir canales comerciales para productores de países en vías de desarrollo.
En COPADE se han llevado a cabo proyectos financiados por AECID, ICO y Castilla la Mancha, que permitieron la construcción de centros formativos, la organización de distintas sesiones de formación productiva de artesanos, la compra de madera FSC por parte de los productores y la concesión de microcréditos para compra de insumos, maquinaria, herrajes, etc.
También será necesario encontrar instrumentos que faciliten la entrada de las empresas más pequeñas en estos procesos de cooperación, para la empresas más grandes, el proceso resulta mucho más fácil y tienen un mayor retorno en concepto de reputación.
¿Cuál cree que debería ser el papel de las administraciones locales en los procesos de cooperación?
Creo que pueden ejercer, y de hecho ejercen muchas veces, un papel fundamental si disponen de capacidad y ganas.
Tiene un rol de facilitador muy importante en estos procesos y resulta uno de los interlocutores más potentes.
Es fundamental dotar de capacidades a estas administraciones porque muchas veces la falta de conocimientos, de recursos o de capacidad dificulta que puedan ser actores principales.
¿En que sectores resulta interesante incidir en el trabajo a través de alianzas?
Son muchos los sectores interesantes, pero si tuviera que escoger algunos, pues posiblemente, por su potencial de crecimiento económico, señalaría el sector energético y el del medio ambiente.
Es importante también tener en cuenta aquellos sectores que aporten un componente tecnológico; es aquí donde mayor conocimiento y valor aporta el sector empresarial.
¿Cómo podría mejorarse la sensibilización entre el sector empresarial?
Sin duda, todo lo que tenga que ver con actos, conferencias, eventos donde se explique este instrumento y se muestren experiencias concretas, facilita esa difusión.
Por nuestra parte será necesario crear instrumentos con unos criterios y procesos transparentes y pedagógicos que aporten alguna subvención al respecto.
El hecho de crear estos instrumentos ayudará, sin duda, no sólo a generar proyectos de esta naturaleza sino a hacer pedagogía sobre el tema.
